14 oct 2012

El árbol de la vida


Hay dos caminos que podemos seguir en la vida: el de la naturaleza, y el divino. Debemos elegir cuál vamos a seguir. Algún día caeremos, lloraremos y entenderemos todas las cosas. Guíanos, hasta el fin de los tiempos. Si no sabemos amar, nuestra vida pasará como un destello...







Existe un lugar en lo más profundo de nuestro ser donde todos, independientemente de nuestro origen, cultura y educación podemos vernos identificados con los demás. Es ahí, en ese pequeño espacio tan vulnerable como resistente, donde todos los seres humanos nos hacemos preguntas comunes. Desde que nos alcanza con sutileza el primer haz de luz después de nacer, un sinfín de sensaciones y sentimientos inexplicables nos atacan, nos conmueven, nos desconciertan. 

¿Por qué llegamos a este mundo, si no lo elegimos? ¿Por qué tuvimos que sufrir? ¿Por qué nuestro padre (u otra persona) nunca entendió cuánto daño nos hacía con su frialdad? ¿Por qué nuestra madre (u otra persona amada) no podrá quedarse eternamente a nuestro lado? ¿Por qué morimos? ¿Por qué la educación que recibimos puede hacernos tan esclavos como libres? ¿Por qué hay cosas que están mal? ¿Quién lo ha determinado todo? Estas preguntas son sólo una parte de esa incertidumbre que acampa a nuestro alrededor cada día de nuestras vidas. Entonces, pregunta a pregunta, nuestros pensamientos comienzan a enraizarse unos con otros. Algo nace y crece en nuestro interior mientras esbozamos a base de experiencias la silueta de un árbol. Algo nos mueve a tomar nuestro camino.

¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? ¿Estabas entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las alabanzas de todos los hijos de Dios? 

Muchos nos hemos preguntado si existe un ser omnipotente y omnipresente capaz de adivinar nuestros pensamientos, capaz de evitar todas las desgracias y miserias humanas. Algunos hemos descubierto que la respuesta puede ser afirmativa, aunque las miserias que vivimos nos las hemos ganado a pulso nosotros mismos con nuestro egoísmo y nuestra extraña y a veces detestable naturaleza "humana". Otros han descubierto que quizás no hay ningún ser creador y que los propios elementos de la naturaleza son nuestros particulares dioses. Otros han afirmado que la naturaleza, sus procesos y sus maravillosas imágenes reafirman más si cabe la belleza de ese ser omnisciente. Sea como sea, si hubiese alguien capaz de mirar la humanidad con ojos llenos de humildad y misericordia, si hubiese alguien capaz de calmar o transformar nuestro dolor, ¿dónde estaría?

¿De dónde venimos? ¿Quién cuida de nosotros? ¿Por qué a veces nos sentimos tan solos y tan incomprendidos? ¿Qué podemos hacer para aprovechar el tiempo que tenemos en la Tierra y saborearlo al máximo junto a las personas que queremos? ¿Cómo curaremos las heridas del pasado? ¿Cuál es el camino correcto a seguir? ¿Por qué cuesta tanto perdonar?

En realidad, no se trata de elegir un camino correcto para dejar otro incorrecto: se trata de amar. El amor, en todas sus expresiones, es al fin el único remedio, la única medicina y la mayor enfermedad. Sólo amando encontraremos el sentido que quizás nadie nos puede dar, y el bálsamo que cure nuestras heridas más profundas. Sea cual sea nuestro origen. Sea cual sea nuestro presente. Sea cual sea nuestro futuro. Cada persona es libre de elegir con qué tipo de raíces afirmará al suelo el árbol de su vida. Pueden ser raíces de odio, pueden ser raíces de tristeza o de alegría. Sólo mediante el amor nuestro árbol será un árbol sano y sin prejuicios... un árbol capaz de perdonar, capaz de comprender, capaz de descansar el día que todo termine. Sea natural o divino nuestro suelo. Y entonces, sólo si hemos elegido el camino del amor, tendremos paz con nosotros mismos. Y tocaremos el Sol. 

De todo esto nos invita a reflexionar la película de Terrence Malik, El árbol de la vida. Se trata de un filme no apto para impacientes con pocas ganas de hacerse preguntas. Y es que esta película nos sorprende lentamente mientras saboreamos sus imágenes, sus sonidos, su drama y sus preguntas. En un viaje por la vida de un niño que crece planteándose las mismas cosas que cualquier ser humano. En mitad de una familia estadounidense de los cincuenta, nos encontramos con nosotros mismos. La película actúa a veces como un espejo que nos golpea con nuestra propia imagen, con nuestra propia infancia, con nuestro propio pasado y nuestro dolor. Entonces la mente se nos llena de dudas, de preguntas, de imágenes que parecían borrosas unos segundos atrás. Hacemos un recorrido por la existencia humana, por la vida de los tan distintos personajes, por su alma. Sin duda se trata de una película difícil de olvidar. Con su magia reímos, lloramos, nos estremecemos. Vemos a nuestra madre, a nuestro padre. Nos tropezamos con nuestras propias experiencias. Y es que es una de esas pocas películas que nos llenan hoy en día, que nos hacen disfrutar segundo a segundo, que nos conmueven mientras nos adentramos en ese extraño y profundo hueco que forma nuestra alma, la savia que riega el árbol de nuestra vida. 










29 sept 2012

Y llueve

Llueve, y las ventanas están dormidas. Su luz refleja las melodías de mil gotitas que ya resbalan. Llueve, y los cristales están cerrados. Tienen miedo tras un verano que derritió aquellos tejados donde hoy duermen los secretos. Las gotas se agolpan, se estrellan, se fusionan. Las calles se ahogan, el viento destroza en cada estanque mi reflejo.

 Miro por mi ventana. Veo llover sobre los charcos y me estremecen los relámpagos. Entonces pienso que hubo otro tiempo donde creímos ser eternos. Lo fuimos, lo fueron aquellos segundos apresurados. Veo la playa de arena gris, los jardines mojados y los tristes tejados de París. Torres enfermas, hombres de traje, nubes muy negras, hambre de viajes.


Miro por mi ventana. Alguien corre, las farolas se apagan y caen, dobladas, las antenas. Vuelve un rumor conocido. Una sensación dentro del jersey. Un olor a pan recién hecho y a mermelada de fresa. Oigo crujir en mi boca las castañas. Vuelvo a mirar y, ¿qué veo? Otro otoño que se acerca, que se advierte, que se espera. Otro otoño para ahogar las lágrimas y las palabras que nunca dijimos. Esas palabras que ya nadie dirá, pues como las hojas caducas, todo lo que no se dijo y lo que ya se hizo en el otoño morirá. Entonces sólo habrá sombras. Sólo recuerdos.





9 ago 2012

Averías y calor



Espejos del verano,
relatos de terror,
sueños con propano
en el ventilador. 

Una voz tras el cristal,
un corazón averiado.
Grita como un animal
mi televisor atormentado.

Como en el final triste
de una película antigua
nadie puede abrirse 
y no hay nadie que resista.

Mi apartamento se derrite
como un helado en el suelo.
La avería persiste
como el sabor del caramelo.

Cae el agua de mi ducha,
cae al suelo un sujetador.
Al vecino se le escucha
cantando roto de amor.

Es el calor, es la avería
como un hielo derretido.
El verano y la alegría
no son hoy muy divertidos.

Y tu voz tras el cristal
llega al son del crepúsculo
cuando muere mi animal
en este sueño minúsculo...

Y ya no puede, no sabe respirar.



12 jul 2012

San Fermín




Suena un cohete y nos dicta sentencia.
En el amplio corral alguien abre una puerta.

Sale mi manada detrás de unos pastores
y en la calle nos esperan impacientes corredores.

Han cantado y han pedido en castellano y en euskera
que el pequeño San Fermín les proteja en la carrera.

Y, en nosotros, ¿alguien piensa?
Tenemos frío y no sabemos
qué encontraremos afuera.

Los húmedos adoquines resbalan.
La gente grita, los mozos saltan.
Los Sanfermines son una fiesta
que hacia la muerte nos abalanza.

Hay una curva en el recorrido
donde acabamos todos heridos.
Si encima caen de nuestras astas
todos corremos igual peligro.

No sólo ellos.
Nadie les mata.
Nadie clavará banderillas en su espalda.

Seguimos desconcertados
hasta entrar en una plaza
donde miles de personas
nos gritan haciendo palmas.

Y ahora, ¿dónde nos llevan?
Alguien abre otra puerta
hacia el infierno y la condena.

Es el final. Tenemos miedo.

Arena y sangre
se mezclarán
cuando esta tarde
salgamos al ruedo.

Y, ¿para qué?

Nadie nos preguntó
si queríamos salir
para darle la fama
al mayoral que nos trajo aquí.

Es una fiesta desalmada,
como ese San Fermín...
Pues atrae a medio mundo
para vernos morir.



6 abr 2012

No tengas miedo





Luego Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De repente, se levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca. Pero Jesús estaba dormido. Los discípulos fueron a despertarlo.

—¡Señor —gritaron—, sálvanos, que nos vamos a ahogar!

—Hombres de poca fe —les contestó—, ¿por qué tenéis tanto miedo?
Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo. Los discípulos no salían de su asombro, y decían: «¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?»


Un barco naufraga, tiembla
y se hunde en la tempestad.
Un corazón inquieto, muerto,
se ahoga en mitad del mar.

"No tengas miedo", me dices.
Yo sé que me vas a ayudar
pero las olas son tan altas
que ya me van a tragar.

Se tambalea la barquita
con mis sueños de papel.
Una mujer llora y tirita
con el frío pegado en su piel.

Puse mis ilusiones en una cajita
y al fondo del mar la tiré.
Hoy el infierno mi sangra habita
y siento que navego sin timón,
sin timonel.

Sé que no he sido perfecta
y mis errores me hicieron caer.
Pero tú abriste la puerta,
me enseñaste que con fe
todo se puede vencer.

Es la noche oscura y tiemblo
en una nave a la deriva.
Llegan mis gritos al cielo
mientras sangran mis heridas.

Te pisotearon como a una flor,
te dejaron solo y te olvidaron.
Te engañó quien más te amó
y a en la cruz te condenaron.

Vuelve a mí, tú que venciste
y de tu mano llévame.
Pues mi barco no resiste
y sin tu ayuda me ahogaré.

"No tengas miedo", me dice
quien camina sobre el mar.
¿Qué hombre es éste, al
que el viento y el agua
obedecerán?

Soy tu mano, soy tu fuerza,
soy la luz que hace de faro
cuando en mitad de la tormenta
siempre viajas de mi mano.



18 mar 2012

Preso




I si canto trist és perquè
no puc esborrar la por
dels meus pobres ulls.
(Lluís Llach)


No hay aire.

Una gota de sudor se detiene en mi frente. En el pasillo alguien grita. Llega el nuevo. Recuerdo el día en que llegué y me encerraron en esta lúgubre garganta de ballena, entre barrotes. Nunca olvidaré ese día negro. El mundo me abandonó, y yo me abandoné con él.

No soles, no lunas, no nada. Se calló la música y las flores dejaron de nacer. Los pájaros no cantan y no hay niños jugando, sólo miedo. Miedo instalado en el fondo de mis huesos. Miedo y pena recorriendo mi sangre y maltratando mi corazón. Miedo en todas las formas, incluso dentro del vaso de agua que me traen por obligación cada mañana.

Me gustaría conocer el porqué de este castigo, el motivo de mi encierro. Lo di todo por ellos, les enseñé el significado del amor, pero alguien a quien quería me apuntó con el dedo y ahora estoy aquí. ¿La razón? Ser distinto y no arrodillarme ante nadie, ser justo y no callarme ni ceder. Cometí el error de pensar de forma diferente.

En la celda hace frío y el agua está sucia. Las paredes son altos gigantes a los que jamás podré vencer. Me ahogo en el pozo al que cada día caigo y ya no sé reír ni llorar. Espero que la muerte me gane, espero esfumarme y que la vida me deje descansar. El miedo me impide escribir, me impide cantar. Yo ya no soy yo, y me lamento en mi propia desgracia. Si me hubiesen conocido hace apenas unos años... No pasará.

Ellos ya no vienen a verme. Esas personas a las que les di todo lo que fui y todo lo que tuve me rechazan y me culpan de su sufrimiento. Aprovechan mi dolor para hacerse fuertes y a cada momento conspiran contra mí y piensan en quitarme las pocas fuerzas que me quedan. No aguantaré. Estoy roto, y mi pareja me ha olvidado. Ya nadie me trae ropa limpia, ya nadie me regala su sonrisa, ni tampoco el contacto de sus manos.

Ni las ratas de la cárcel me inspiran confianza. A veces un médico se acerca para hacerme un examen rutinario, estoy pálido y me tiemblan las piernas. No puedo dejar de toser. Busco una luz a través de la minúscula ventana, un soplo de aire que me ayude a estar en pie. Extiendo los brazos por los barrotes y te llamo. ¿Por qué no has podido venir todavía? Creo en ti. Y es por eso que sigo vivo.

En la cárcel hay un patio, y en ese patio una estatua. El mármol dibuja un ángel con grandes y abiertas alas. Algunos días de verano, si a los vigilantes les apetece, me sacan a caminar. El ángel siempre está triste, siempre me mira con ojos de cristal. Entonces paso mis dedos por su cara y lloro. Me gustaría tener alas y volar. Me iría al último rincón soleado del mundo a cuidar de cualquier abandonado. La injusticia ha sentenciado a tanta gente sólo por creer, sólo por hablar... ¿Dónde estabas cuando te llamaba?

Saco el único libro que tengo. Lo abrazo, lo estiro hacia el pequeño haz de luz y empiezo a leer. De repente alguien me llama, alguien viene a buscarme. Miro al suelo y cojo aire. Quiero que termine mi pesadilla. Quiero irme. Quiero olvidarme de todos. Quiero que me dejen ser libre o que acabe conmigo para siempre el frío metal de la silla del garrote vil.








13 mar 2012

El miedo de los perros






(Para Ítaca)




Sentado en el filo de una hoja seca
observo el cielo fúnebre de la tarde.

El viento agita las páginas de mi vida
y se acerca lentamente la tormenta.
Las piedras ruedan, la tierra arde.

Como una fiera moribunda,
con mi alma sola espero el futuro
que me deparan los relámpagos.

Silencio oscuro dentro de mí.
Escribo mientras siento el frío
invierno pegado a mis zapatos.

El campo, vacío, es un inmenso
lago verde. Los árboles tiemblan,
los espantapájaros se divierten.

Llueve, y los truenos agonizan.
Las gotas de lluvia salpican mi frente
y busco refugio en mi tenue corazón.

Disparan las nubes fuertes rayos de ceniza.

Pero yo no tengo prisa.
Soy como un perro hambriento,
esperando un nuevo golpe de la vida.

Vigilando el día por detrás
yo no espero nada más.
Quiero que caiga la lluvia
para que muera la tarde.

La tormenta vuela como
un fin de semana agitado.
Mis ropas se empapan,
yo me hundo en el barro.

Los perros viajan solos
en busca de algo nuevo.
La hierba verde guarda
regalos que escupe el cielo.

Me siento en mi hoja seca
y ha parado de llover.
Dar amor es bueno
pero no funciona.

Soy un perro triste
bailando bajo la lluvia.
Ya no tengo a nadie
y nadie me abandona.