5 ene 2019
Noche de Reyes
Poder escribir solo cuando los planetas se alinean y de repente, como una estrella fugaz en mitad de la cabalgata, el tiempo nos regala un momento que nada cual pez, nervioso e inquieto, en una taza caliente.
Ver reflejada tu sonrisa en el fondo del agua y escuchar, tras tantos meses de invierno detenido, ese tictac de mi esencia encenderse y hervir de nuevo en mi congelado corazón.
Porque en mis manos heladas tus dedos largos vuelven a reavivar aquella brasa que muerta dormía mientras se apagaba, junto con mis fuerzas, a cada golpe de la vida mi sangre.
Yo no pido regalos, porque hoy, después de meses tan eternos que parecen siglos, solo me hace falta mirarte unos segundos para levantarme del suelo y verme renacer en ti.
24 abr 2018
La vida imposible
Hay noches que duran años.
Aunque tengan cuatro horas,
dos minutos,
o un segundo,
en un vaso de ginebra
me he bebido el mes de abril.
Amarnos sin amarrarnos,
besarnos sin escondernos,
leernos sin acabarnos,
mirarnos para escribir.
Qué primavera sin flores.
No te rías si hoy te digo
que he cambiado mi destino
para no escapar de ti.
Secretos, dinero, piernas.
No sé qué tendrán las otras,
pero esta broma macabra
no me deja ni dormir.
Mi cama, esa sala de espera
por donde la sombra de tus ecos
pasa a tientas y mi boca
mastica dibujos de ti.
Esta ha sido nuestra historia.
29 mar 2018
Donde todo empieza
Creo que los bares
se deben abrir
para cerrar las heridas.
(Fito)
Hoy volveré al lugar donde todo empieza.
Mi mente se ha despertado con un enredo de pájaros.
Solo trato de sobrevivir a esta locura que es la vida.
Quiero dejarme llevar.
Hoy volveré al lugar donde todo empieza.
Aparecerás, imprevisible, por cualquier calle.
Llevarás en las manos unas redes de pescar
para sortear este mar contaminado de recuerdos.
Sentada en la barra del bar donde soñamos
mientras me aguanten los huesos y el alcohol
te quiero seguir mirando.
Acabaré buscando versos
en el fondo de mi vaso.
¿Qué más da si estoy así?
Déjame sangrar despacio.
Cojo una servilleta para intentar escribir, pero el papel es débil.
Todas las palabras que te quiero decir se me rompen enseguida.
17 ene 2017
La maravilla de tu cuerpo
Ay, amor mío,
qué terriblemente absurdo
es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo,
sin tu latido.
(Aute)
No guardo recuerdos más claros que tu cuerpo.
Cuidadosamente lo dibujo, con los ojos llenos de lágrimas,
con una maraña de cristales en mis ojos.
De ti no sé nada. ¿Dónde estará ese templo perfecto?
No es una persona ni una cara lo que amo.
Es la imagen de un cuerpo (tu cuerpo) en la que entre sueños me veo arder.
Recorro el parque de la música. Rebusco en los rincones.
Vuelvo a leer nuestras mil y una noches.
Rozo las viejas paredes de cal, tan frías, tan familiares.
Dos iniciales con pintalabios granate. Dos idénticas iniciales.
Como un niño en día de feria, entre gitanas y luces,
como quien descubre la teoría heliocéntrica,
subías con prisa hasta la plaza.
La piel blanca, las marcas del acné pueril.
La carne temblorosa como un aleteo de esperanza.
Muchos años después te invoco joven y enigmático sobre tus piernas.
Sonaban los ecos de los ladridos nocturnos.
Nos sorprendía la brisa de la madrugada de agosto.
Se enfriaba el agua en la piscina.
El césped se convertía en el colchón más blando.
No lloro recuerdos más exactos que tu cuerpo.
Venías sigiloso por la esquina, desde la carretera.
Bailábamos felices en mitad de la verbena.
Inútilmente llenaría mil hojas describiendo la belleza de tus manos.
¡Ay, aquellos dedos creados por la locura! ¡Oh, la solemnidad del mármol en tu estómago tallado!
¡Oh, la exactitud de tu perfil de estatua griega!
Por los jardines y solares adivinaba tu olor.
Los gatos nos miraban salir a tientas del garaje.
Las cajas de botellines en la puerta del bar.
Millones de estrellitas chocando en la lluvia estival.
¡Ay, la fugacidad de aquellos encuentros torpes!
¡Oh, la sal de tu cuerpo adorable sobre mi boca suave!
No sufro recuerdos más vivos que tu cuerpo.
Trato de enterrar su cadáver, pero regresa a paso lento.
Etrusco de piedra y sin vello. Brazos donde quedarse a dormir.
En las raíces de tus venas toda la sangre de mi corazón adolescente.
Pero yo te necesitaba así, te quería así:
fui allí para encontrarte, para recuperarme en tu mirada.
Escondidos todavía nos observo y nos escucho reír.
Hay personas que se aferran a un nombre (Fernando, Eduardo, Manuel).
Yo recuerdo un pajarillo inquieto en tus rodillas al que también quería.
Tú nunca supiste (o eso decías) conocerme.
Hay quien se enamora de palabras.
Nuestras promesas sólo fueron carne de papel.
Yo vivo encadenada a un cuerpo sin dueño, sin cara, sin él.
Es la imagen de un desnudo digno, venerable, exquisito.
Un recuerdo precioso, intocable y, por qué no, cruel.
Cada noche a altas horas se despiertan mis labios.
Cada mañana se rasgan y se queman por la misma sed.
Entonces me levanto de la cama.
Me persigue todo el día un enfado insoportable.
12 ene 2017
So long, Leonard
Like a bird on the wire,
Like a drunk in a midnight choir
I have tried in my way to be free.
Esta noche hay una fiesta sorpresa en la azotea del Chelsea Hotel.
Una larga mesa en la que cuelgan manteles bohemios se extiende entre cojines bordados, ceniceros, botellas de vino tinto y guitarras.
A un lado, Suzzane con su famoso chubasquero azul. Al otro, la cautivadora y siempre rubia Marianne. La electricidad es cada vez más tensa en su duelo de miradas.
El horno emite un chillido y el reloj de cuerda marca las nueve. Llaman a la puerta. El melancólico señor del sombrero negro y aire gipsy está a punto de entrar. Algo le dice que le estaban esperando.
Bowie, Prince, Lorca, Joplin, Michael y otros enigmáticos invitados se frotan las manos ante la emoción de tal esperado reencuentro. Quedaron muchas preguntas por responder.
Los dos ángeles que hace décadas protagonizaban aquella polémica portada vuelan desnudos sobre la terraza y, mientras levantan sus trompetas con alegría, pasean sus sexos con entusiasmo y sin pudor.
En el cielo no hay censura.
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Suzanne
13 abr 2016
Ítaca
Emprendió su viaje (llevaba años preparando su maleta, aunque yo aún no lo sabía) una noche de abril. La cena se quedó fría en la fiambrera que dejó en la cocina. Su smartphone fue testigo de aquella larga, traicionera (y quizás definitiva) conversación. Tras los cristales, en el aire de Barcelona se respiraba la tragedia. La una, las dos, las tres. Con aquel salto al vacío la mañana nos despertó como un temblor.
La partida fue tan impredecible como ella. No pudimos despedirnos. No dejó notas, no puso un trocito de papel en la nevera, nada. Siempre fue un pajarillo impulsivo y volátil. Por eso y, pese a todo, la perdoné.
Cuando salió el sol a mí con la noticia se me apagaron las estrellas. Pero ella, aparentemente tan fría y tan quieta tras el cristal, ya había llegado. Sabía que en su isla alguien la estaba esperando. Partió con una margarita blanca en el pelo, con Neferititi tatuada y un ramo de violetas en las manos. Cuando la vieron llegar, ante su faro las sirenas la recibieron con su canto.
En su casa, Ulises, Homero, Martina, Nerón, Maya y sus princesas lloraron huérfanos. Yo me quedé en blanco y negro al colgar aquel teléfono.
Desde el día en que nació su destino estaba claro. Era la calma disfrazada de tormenta, era el invierno y el verano. Todavía la busco y creo que la veo con los ojos cerrados.
Sonríe en la pista, baila y mueve el negro pelo. La miro con nostalgia y una palabra resuena sempiterna en sus labios. Ella me seca las lágrimas y la repite una y otra vez: Ítaca, Ítaca, Ítaca.
Yo, para cerrar esta herida, le pido que me devuelva aquellas canciones felices.
Ahora escribo poco y casi siempre letras tristes.
La partida fue tan impredecible como ella. No pudimos despedirnos. No dejó notas, no puso un trocito de papel en la nevera, nada. Siempre fue un pajarillo impulsivo y volátil. Por eso y, pese a todo, la perdoné.
Cuando salió el sol a mí con la noticia se me apagaron las estrellas. Pero ella, aparentemente tan fría y tan quieta tras el cristal, ya había llegado. Sabía que en su isla alguien la estaba esperando. Partió con una margarita blanca en el pelo, con Neferititi tatuada y un ramo de violetas en las manos. Cuando la vieron llegar, ante su faro las sirenas la recibieron con su canto.
En su casa, Ulises, Homero, Martina, Nerón, Maya y sus princesas lloraron huérfanos. Yo me quedé en blanco y negro al colgar aquel teléfono.
Desde el día en que nació su destino estaba claro. Era la calma disfrazada de tormenta, era el invierno y el verano. Todavía la busco y creo que la veo con los ojos cerrados.
Sonríe en la pista, baila y mueve el negro pelo. La miro con nostalgia y una palabra resuena sempiterna en sus labios. Ella me seca las lágrimas y la repite una y otra vez: Ítaca, Ítaca, Ítaca.
Yo, para cerrar esta herida, le pido que me devuelva aquellas canciones felices.
Ahora escribo poco y casi siempre letras tristes.
Futuro presente
Me da pena pensar que algún día querré ver
Ahora que el presente es difuso y el futuro me aterra,
busco la vida que al dejarte perdí y contradigo al poeta.
¡Ay de mi niñez! Ya no es fábula de fuentes.
Las noches son oscuras y escucho crujir mis dientes.
Ahora que mis pasos se tropiezan con la niebla
busco tu risa en su boca, busco tu calor en su piedra.
La alegría la pensé en un recuerdo que se aleja.
El destino lo advertí en otros ojos y en tus tierras.
Serás la mujer de la casa y los hijos te quitarán la pena.
Lo importante ─decían─ es la estabilidad, ganar dinero.
Serás una mujer resignada, madura, serena.
Cierro las ventanas de mi día y aún me creo que te espero.
¡Ay de mi niñez! Ya no es fábula de fuentes.
¡Ay de mi verano! Hoy te busco entre estas gentes.
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