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1 nov 2012
Pero estamos juntos
Regreso a casa con las manos vacías.
La mesa puesta, nuestra cena fría.
Siento la vergüenza, la precariedad.
¿La crisis de mi alma quién la pagará?
Son cenizas los sueños que dibujamos.
La ilusión se desvanece, ¿adónde vamos?
Podría trabajar de jardinero en la Luna
para darles a mis hijos la mejor de las fortunas.
Pero no sucederá.
Somos presos del sistema.
"La Casta" se enriquece
y a nosotros nos condena.
¿Qué nos queda?
Aún soy dueño de mi sino
tengo un sueño y lo persigo.
Su castigo me hace fuerte.
Lucharé hasta la muerte.
Por mis hijos, todo puedo.
Sin trabajo y sin dinero.
Sin mi coche, sin mi casa.
La desgracia es corta y pasa.
No me quitarán la belleza de mi novia
ni a mis hijos la inocencia y la victoria.
Mi famillia, el mayor de todos mis tesoros
es lo único que tengo, y hoy lo es todo.
Miramos al cielo, cogemos un avión.
Late como nunca nuestro pobre corazón.
Nos esperan, tras las gruesas nubes negras
al fin nuevos tiempos, nuevas promesas.
Quizás también nuevas guerras.
Pero estamos juntos.
Etiquetas:
crisis,
esperanza,
poesía,
precariedad,
relaciones.
25 oct 2012
En busca del hada
Un día llegará en que el dolor termine y la angustia se aleje para siempre de nuestros huesos. Habrá llovido y habré sufrido mucho. Pero habrá merecido la pena. Entonces, cuando todo termine, te tomaré en brazos y te estrecharé muy fuerte contra mi pecho. Acariciaré tu piel y admiraré tu pequeño y dulce rostro. Te miraré, y daré gracias llena de asombro. Disfrutaré de cada uno de tus gestos y tus sonidos. Te veré reír. Estaré contigo. Estarás conmigo. Y nadie podrá arrebatarme ese momento. Pase lo que pase, pequeña Ailée, estarás aquí, con tu falda de tul y tus zapatos adornados con campanitas. Llegará ese día de color naranja en que al tenerte entre mis brazos seré feliz. Me devolverás la vida que yo te regalaré a ti.
Dime dónde y a quién iré
cuando me sienta triste,
solo.
Dime si te encontraré
en la luz del meteoro.
Todo es muerte, frío, aire.
Todo corta, amarga, arde.
¿Dónde estás y quién te esconde?
No sé bailar sin que me aten.
No sé reír sin que me odien.
No sé nadar sin que me ahoguen.
¿Estarás bajo aquel sauce?
Oigo pasos en el cajón
mientras te esfuerzas en brillar,
mi pequeña luciérnaga.
Déjame tocar tu falda de tul
y saltar con tus zapatos
adornados con campanitas.
Llévame hasta el final
de ese bosque en el que habitas.
Sueño con abrazarte, Ailée,
un día de lluvia limpia.
Pero sin descanso te busco
y sé que no puedo llegar
si no me ayudas.
¿Estarás bajo aquel sauce?
Acércame a ti, Ailée.
Dame tu pequeña mano.
No permitas que me rinda.
19 abr 2010
Otra primavera?

Un azul imperante parece atacar desde el cielo. La estrella de fuego, lanzando rayos que aterrizan con violencia y como balas, asalta y desconcierta a los transeúntes. Calles, voces, pasos y flores se rinden ante la eclosión de otra primavera. El ciclo se repite. Vuelven a llenar el calendario días más largos y parques llenos de niños y mayores, todos recién nacidos, despiertan y renacen del letargo.
Gira el muro. Nada se detiene. Gira otra vez, gira apresurado. Sin hacer pausa alguna, a nuestro alrededor una amalgama de sensaciones sobrepasa la poderosa rutina y la alegría enmascarada parece impregnar cada rescoldo de nuestro caminar diario. El bullicio se expande, sin miedo, y se apodera de una urbe entregada con los ojos cerrados a la nueva estación.
Sin embargo, el mágico ciclo que completa el giro de una rueda anual no es lo único repetitivo hoy. La historia, ajena a la utópica creencia de que los errores nos hacen mejores y lo pasado, pasado está, no pasa página y nos devuelve horrores de antaño. Regresan situaciones y otros ritos propios del cinismo elevado a su máxima potencia. Individuos sin un ápice de humanidad destrozan hogares y vidas de quienes creen su propiedad a un ritmo vertiginoso. La justicia se tambalea amenazada por el hambre de los verdugos de nuestro ayer y, el juez, camina por una cuerda cada vez más débil acusado por los orgullosos que prolongan los estadios más temibles de nuestra memoria; una memoria a la que entierran viva e impiden salir a luz. Un cuchillo sanguinario en forma de desigualdad asesina cada noche a las víctimas de un sistema desequilibrado lleno de mentiras y de ilusiones rotas. Los ideales más puros se confunden entre la indiferencia de un pueblo que no escucha, que asiente y se deja llevar arrastrado por la marea de la pasividad y el individualismo

Regresa la época más esperada, se abre nuevamente la ventana y las noches de invierno pasan a formar parte del olvido. Las personas, bajo una sobredosis de café y ajenas a las guerras y a las lágrimas del otro mundo, se dirigen como máquinas autómatas en medio de un ruido que no deja escuchar el latido de esa vida que palpita bajo la tierra para resurgir de sus cenizas. El ruido se adueña de lo que somos y hacemos mediante un estruendo que oprime, que no deja hablar ni ser escuchada a la voz que nos llama. El ruido no calla y deja abiertas las heridas que, hoy más que nunca, impiden que esta nueva primavera pueda despertar con ella a la voz de la esperanza.
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