
20 jul 2010
Cínicos no, gracias.

7 jul 2010
Olvidada Amélie


2 jul 2010
Aviones
Tengo veinte minutos para escribir este poema. Dirijo mis ojos al triste cielo de la tarde mientras algo en el teléfono todavía se quema.
Se apaga tu voz y, de repente, advierto que ha regresado la luz. Para que ella volviese, parece ser que primero debías despedirte tú.
Despegaba un avión junto a ti y, al otro lado del mundo, el mismo viento que cruzaba el auricular me acariciaba también a mí. No he podido evitar que mi sangre se estremezca.
Se apaga tu voz mientras resuena el eco de tantas lejanas palabras. No te matará una guerra, no te matarán las armas ni tampoco el olvido; te matará la soledad con la que amenaza el adiós. Te matará todo lo que no has vivido, un estúpido reloj.
No habrá más pistolas ni ondearán más banderas, no. Subirás a ese avión. Una estela se dibujará en forma de melancólica canción.
Los extraños como nosotros sueñan con viajes infinitos. Romperán las distancias, inventarán los caminos. Los países, la lluvia, los otoños, los instantes y las ciudades compartirán en blanco y negro sus secretos. Los océanos y las fronteras amanecerán abiertos. Los extraños como nosotros sueñan con viajes infinitos, eternos, nuevos...
Quién sabe, quizás nos crucemos algún día y entre cenizas en el mismo aeropuerto.
30 jun 2010
El rincón
28 jun 2010
Libertad
recen prestar atención a esas pequeñas vidas que guarda cada edificio, todas alimentadas por una rutina que ahora parece darnos a todos una tregua. Hace calor y, en la azotea más alta, dos amantes improvisan una cena sencilla con algunas velas y otros muchos besos bajo una luna resplandeciente y llena. La desazón del invierno deja paso al aburrimiento del verano, a las pistolas de agua y a tantos viajes por hacer. El sol marca el incierto camino que se dibuja en la costa, cuando con la mirada perdida en el más lejano horizonte, un
velero se deja llevar mientras una pareja se abraza en lo alto de un puente. El mar sigue tan inmenso y bello como siempre, los años no lo cambian ni a él ni a esos pescadores amantes que ahora más que nunca recorren sus aguas sin descansar.2 jun 2010
La veillée (la velada)
Tras una puesta de sol tan rápida como cálida, la noche ha tendido su manto de estrellas sobre los últimos tejados. Sentada frente a su taza de porcelana, esa que tiene espirales dibujadas en negro, no puede evitar rendirse a la llamada de esa ciudad, su ciudad. La cocina permanece silenciosa después de fregar las últimas baldosas de colores, guardar los platos y beber el último trago de agua de la vieja jarra. Ha cenado pasta y luego ha probado unas cuantas cerezas, esas que ha comprado esta mañana en la frutería de abajo. Nipho, el pobre pez, decide dormir satisfecho porque la luz, al fin, está apagada. Enciende la lamparilla roja y un pequeño mechero desata la efímera vida de un par de velas blancas junto a una foto en blanco y negro. La brisa nocturna parece anunciar la inminencia de un verano suave y ella deja entreabierto el balcón. Al otro lado, laten sigilosos los grises edificios de París...Con la mirada fija en la tenue luz del estudio, regresa al pensamiento original y se recrea en el sabor de sus deseos, de esa sensación tan conocida cuando se roza con nostalgia algo que nunca se ha tenido pero que se conoce desde antaño. Con la mirada perdida, siente caer sobre su hombro el peso de un mechón desordenado y vuelve al punto de partida. Un pequeño armario guarda tarros de mermelada de fresa y manteles de cuadros blancos y rojos. El pan más tierno del mundo espera en una cesta de mimbre partido en grandes rebanadas. La tetera grita y tiembla mientras en una jarra de cristal blancas margaritas llenan de vida la sala. La radio, como siempre, amenaza con destruir el sosiego de la mañana con noticias asesinas... pero todo se calma cuando se escucha por toda la casa rien de rien de Edith Piaf. Ella, divertida, tararea la canción mientras se dirige al balcón para tender la ropa recién lavada. Nipho gira con velocidad en su pequeña burbuja de cristal. Todo es tan sencillo y parece tan dulce...

14 may 2010
Una nueva historia

Y los últimos pasos del día se escuchan, sigilosos, entre los rincones de la casa. La noche sabe a medicina y a huracanes de viento y azúcar. Ellos, juntos desde hace tantos años, besan su frente mientras dejan que el silencio entre la cama. Ella, al fin sola, desnuda sus pensamientos y desata el corriente que la arrastra más allá de los sueños que guardaban.
