26 oct 2009

Intensidades


'Fue la primera vez, y tus labios parecían de papel. Papeles de agua, un papel en blanco o en mi vida tu papel.'Tú me dirás quién ha escrito este papel que nos incluye, nos define, que te hace escritor y a la vez un sorprendido destinatario de tantos versos.

Es imposible entender cómo llega, pero nos transforma, nos eclipsa esta intensidad. Cómo conocer el amor que no puede mirar, que sólo espera, que únicamente adivina... cuando se ama sin nada más. Intenso latido de un corazón soñador al recibir el vuelo de tus palabras tiernas, eternas, mías, de los dos. Desde tan lejos, vuelven sigilosas tus palabras.

Nuestro único puente entre lo visible y lo invisible: esta intensidad. Besos etéreos que atraviesan el alma sin apenas acariciarla. Miradas perpetuas que detienen la historia de dos ojos que al fin, desde lejos, se funden en los del otro.

Tu risa y, entre letras, yo guardándola. Vencidas, las hojas se despiden y tiernamente descansan en este suelo tuyo y mío. Nuestras lejanas y preciosas palabras. Tu voz efímera y la esperanza.

Tu risa: intensidad.

20 oct 2009

Arcueil-Cachan



No pensaba que, al llegar a la estación del Norte, iba a sentir de nuevo ese olor a otoño, a melancolía y a castañas asadas. Allí estaba, de nuevo, aquella mujer tostando entre fuego y cenizas todos los recuerdos que irrumpieron en mi mente. Unos niños abrían la boca sorprendidos, mientras la inmensa marabunta continuaba con su paso frenético hacia su incierto destino rutinario. Fue entonces cuando el desesperado paso del tiempo me abrió los ojos, y entonces lo vi claro.

Durante varios días, mi vida había transcurrido de una manera más cercana al sueño que a la propia realidad. Allí estábamos, una y otra vez, subiendo y bajando escaleras cogidos de la mano. Entonces, entre gentes y miradas, lanzábamos al aire una sonrisa inocente cada vez que la puerta de nuestro habitual RER se cerraba y entonaba un simpático sonido que reconocí, me dije segura, como un "la". Todo tenía sentido entre aquellos transeúntes desconcertados, cuando buscábamos la salida entre los interminables pasillos del metro de París. Todo bastaba, nuestra aventura diaria no se quedaba pequeña, todo nos cabía en el arco que trazaban nuestros unidos brazos. A nuestros pies, al salir de aquel mundo subterráneo, la ciudad nos llamaba y acudía, enigmática, a nuestro encuentro.

Era allí, en aquel entrañable escenario lejos de todo y de todos, cuando sonaban acordeones y violines, cuando se perdían los soñadores y se disparaban con asombro cámaras fotográficas. Una espiral de calles, sabores, olores, aspectos, melodías, edificios y aceras grisáceas nos envolvía, nos hacía girar hacia la certeza de lo incierto. Era aquél el mundo que una vez habíamos reclamado. Era tan sólo un mundo que nos había escogido y arrastrado.

Noche de luna, noche fría, noche rosada, noche larga. El recorrido terminaba, día tras día, junto a las vías que descansaban frente aquellos cables eléctricos, junto a la pequeña torre y los escasos asientos inmóviles de aquel tranquilo apeadero. Bajábamos, corríamos, sonreíamos de nuevo.

Pero el tiempo es efímero, como la ilusión, como los segundos de gloria que nos devuelve toda espera. Entonces, ya de regreso, me desperté con el abrazo de Valencia mientras una mujer de jersey viejo y cara inexpresiva asaba castañas en la calle Xàtiva. El desesperado paso del tiempo me abrió los ojos, y fue allí cuando pude verlo claro: se cerró una puerta que daba paso a la apertura de otra. Sus ojos tranquilos me miraron, me retuvieron un instante más junto al dueño de aquel silencio. Una mano tierna se decidió a acariciar la mía. Y allí permanecimos cinco segundos más, testigos de nuestra historia en la estación de Arcueil-Cachan.

16 oct 2009

Tu mano


En el silencio de esta habitación, se ahoga un grito que me exprime el corazón.

Abajo, en la calle, las primeras hojas de Paris duermen en el letargo, mientras tú todavía no has vuelto. La ventana me sonríe, tímida, ya se acerca la hora.

No bastan días, minutos ni segundos. Ni una vida me basta para desnudar el tiempo contigo. Acaricias mi mano en la sombra de la noche, dentro de tu jersey puedo encontrar el abrigo.

Podemos bailar, recorrer las grises calles y los largos senderos de adoquines que se dibujan bajo los altos y cenicientos tejados de la urbe. Podemos condenar al tiempo para que muera en una mirada, podemos cerrar los ojos y perdernos dentro de nuestras manos enlazadas.

Yo me habré ido, quizás nadie te hable desde esta habitación perdida entre arboles y trenes que susurran ilusiones. Prometo buscar en cada latido de estas cuatro paredes una vida contigo, prometo abrazarte con cada palabra de mis canciones.

El cielo se entristece porque se agota el reloj y no vienes. La nostalgia de las nubes el suelo humedece, mi alma suplica que un adiós nunca llegue.

Y, tras la puerta, me sorprendes deshojando la esencia de la felicidad, dulcemente contenida en la palma de tu mano.

1 oct 2009

¿Qué es la música?



"La música no miente. Si hay algo que pueda ser cambiado en este mundo, sólo podrá suceder a través de la música". (J. Hendrix)


¿Qué es la música? Si nos detenemos a pensar sobre esto, podemos encontrar un sinfín de definiciones, como por ejemplo la música es vida y, por tanto, la vida es música.


Para empezar, la música ha estado cerca de nosotros desde que los primeros hombres se atrevieron a crear instrumentos simples durante el lejano pasado. La música es parte de nuestro ayer, pero también de nuestro presente y de nuestro futuro. Ha formado parte del escenario de las revoluciones más significativas de la historia, como la de 1968. La música también es capaz de conseguir que alguien permanezca inmortal. Muchas generaciones conocemos y admiramos a un vasto número de bandas simbólicas como lo fueron The Beatles, The Rolling Stones y Nirvana, por ejemplo. Este es el caso también de Elvis Presley, Bob Marley y Michael Jackson, los cuales restarán aún vivos gracias a sus seguidores y a sus reconocidas canciones.


La música puede, también, describir nuestro mejor o peor estado de ánimo. Está estrechamente vinculada con nuestros sentimientos más profundos. Podemos escuchar música celta, folk o chill out para relajarnos; rock, y heavy metal para activarnos y pop, jazz y música clásica para recrearnos en nuestra sensibilidad. La música nos acompaña en cada etapa de nuestra vida, es capaz de reflejar nuestra propia historia, de describir también nuestro camino.


Actualmente, pocos pueden vivir sin la música. Nosotros nos movemos conectados a nuestros iPods mientras viajamos en la rutina, yendo al trabajo o a la universidad. La mejor compañía son, sin duda, nuestras canciones preferidas. Son muchos los que sueñan con convertirse en artistas durante su juventud, a pesar de que crecen para vivir, finalmente, una vida normal e insípida. Algunos afortunados, en cambio, rozan el estrellato gracias a un inesperado golpe de suerte. El resto de los mortales, qué remedio, nos resignamos a escribir y a tocar nuestros propios temas en solitario, con nuestros amigos o dentro de una pequeña banda.


Por último, la música es también un vehículo de expresión artística, un estilo de vida, una forma de pensar, un ideal... Porque, como defendía el conocido filósofo Friedrich Nietzsche, sin música, la vida sería un error incorregible, como lo sería el silencio... Y, tras el silencio, aquello que expresa con más certeza lo inexpresable es la música.


29 sept 2009

Faro de Lisboa



Faro que alumbras al mundo, por encima de la tempestad, devuélveme la esperanza y que brille mi estrella. Pero no en soledad, oye mi voz, mi última oportunidad.

Faro que alumbras al mundo, alumbra mi vida.

Hoy reposan en silencio, uno siempre junto al otro, aunque en alma y papel. Por fin se unieron sus vidas, volcando las dos maletas sobre su mar a la vez. Otra historia como tantas, de amor y de mala suerte y de un destino traidor.

Pero en el puerto en Lisboa, cuando la luna te aplasta, alguien canta esta canción.

Faro que alumbras al mundo, por encima de la tempestad, devuélveme la esperanza a y que brille mi estrella. Pero no en soledad, oye mi voz, mi última oportunidad.

Faro que alumbras al mundo, alumbra mi vida.



Revólver

25 sept 2009

Destino

Las teclas del viejo piano le recordaban el color de aquellas tardes tiernas, dulces, de su infancia. Salió de su casa, cerró la puerta y se sumergió entre los transeúntes de un día cualquiera. El cielo estaba húmedo y las calles respiraban repletas de luces, voces y aromas. Al pasar cerca de la plaza, la joven se adentró en un callejón desconocido y fascinante. Le llamó la atención una pequeña librería de segunda mano, casi escondida, que exhibía un conjunto de libros antiguos de poesía. Entró.

El encargado, un hombre mayor con el gesto sereno y agradable, le saludó mientras intentaba poner un poco de orden entre aquel inmenso tumulto de libros llenos de polvo y olvido. Ella, sin decir nada, le sonrió. Las estanterías guardaban los mejores secretos de los más sensibles poetas del pasado y, sus libros, esperaban impacientes que algún alma triste se acercara. Las manos de la joven parecían ser el mejor lugar para esos amigos que se morían por liberar tantas palabras.

La joven, curiosa, abrió un libro flaco de tapa gris y leyó una página cualquiera de un desconocido poeta: "El otro día, en conversación con un amigo, le dije que quiero que me dejen en paz, y dedicarme a lo que me quiero dedicar. No ocurrirá. El tiempo se acaba, el tiempo se acaba. Esta noche, como metáfora o como símil." Se trataba, sin duda, de un hombre extraño, misterioso. Mientras leía, a ella le pareció que ese hombre era más que un solitario escritor. Tenían algo en común. Pensó en ella misma, en su vida. Muchas veces también le gustaría que la dejaran en paz, poder seguir su camino ajena a los demás.

Intentando salir de sus nublados pensamientos, se dispuso a dejar el libro en su sitio y, como si fuese un milagro o una revelación, algo cayó desde una de las páginas hasta los pies de la chica. Se trataba de un billete de avión. Alguien debió haberlo olvidado algunas décadas atrás. Lo acarició con sus dedos y, sólo entonces, comprendió qué era lo que debía hacer. Rápidamente, guardó el billete en su bolsillo, dejó el libro y se despidió del encargado. Radiante, feliz, enigmática, más bella... La pequeña mujer miró al cielo, sonriente, y se dirigió hasta su apartamento. Hizo una llamada de teléfono. Tuvo suerte. Cerró las ventanas, apagó su lámpara roja. Guardó la ropa en la maleta, metió algunas cosas más y cerró de nuevo la puerta. El avión salía a las cuatro y media. No podía perderlo. No esta vez. Esa oportunidad nunca se decidiría a volver. Quizás ella tampoco.

Aunque tú no lo sepas


Aunque tú no lo sepas, me he inventado tu nombre, me drogué con promesas y he dormido en los coches.

Aunque tú no lo entiendas, nunca escribo el remite en el sobre, por no dejar mis huellas.

Aunque tú no lo sepas, me he acostado a tu espalda y mi cama se queja, fría, cuando te marchas.

He blindado mi puerta y, al llegar la mañana, no me di ni cuenta de que ya nunca estabas.

Aunque tú no lo sepas, nos decíamos tanto con las manos tan llenas, cada día más flacos... Inventamos mareas, tripulábamos barcos, encendía con besos el mar de tus labios.

Y toda tu escalera.